
Crecí creyendo que el éxito tenía una sola definición.
Nací en una familia de clase media en Ecuador. Mis padres fueron los primeros en obtener un título universitario dentro de nuestra familia y siempre vi a mi padre como el ejemplo de lo que significaba triunfar. Empezó como asistente de auditoría y, después de años de esfuerzo, llegó a convertirse en socio de una de las firmas de auditoría más importantes del Ecuador. Construyó una carrera extraordinaria y gracias a ella nos dio una vida que muy pocas familias podían tener.
Sin embargo, con el tiempo entendí que ese éxito también tenía un precio. Para sostenerlo sacrificó su salud, sus hábitos y su tranquilidad. Vivía bajo un nivel de estrés constante, comía mal, hacía muy poco ejercicio y, aunque era un brillante profesional de las finanzas, nunca recibió una verdadera educación financiera que le enseñara a construir libertad. Sin darme cuenta, yo estaba recorriendo exactamente el mismo camino.

















